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Los mejores discos de febrero

Del regreso de Nicolas Jaar como Against All Logic al debut de Tversky, pasando por la electrónica de cátedra de Caribou o el pop psicodélico de Tame Impala, aquí va una selección de los mejores discos publicados en enero de 2020.

Con la humilde intención de no dejarnos nada relevante en el tintero, repasamos algunos de los lanzamientos discográficos más destacados de febrero. Una selección que va desde la miscelánea vanguardista de Grimes, la electrónica de Caribou y Against All Logic o el pop psicodélico de Tame Impala al indie de Soccer Mommy o a la música de cámara de Agnes Obel, pasando por el regreso de El Columpio Asesino, el debut de Tversky y la consolidación de Núria Graham.

 


Against All Logic: 2017-2019

Ya no nos sorprende: ahora sabemos que tras Against All Logic se esconde el prodigio de la electrónica Nicolas Jaar. Sí lo hizo hace dos años, cuando lanzó sin previo aviso 2012-2017, un soberbio disco que elegimos como el mejor de 2018 (por encima del de Rosalía), “donde el soul se mueve a ritmo de techno y house” y que soldaba “dos épocas, la del disco-funk y la del clubber”. Aquí, sin embargo, en una escalara y posterior descenso rítmicos, centra el foco en la versión más clubber que se le recuerda al chileno-norteamericano. En ‘Fantasy’ y, sobre todo, ‘If Loving You is Wrong’ (con samples de Beyoncé y Luther Ingram) queda algún poso elegante de soul; ‘Alarm’ y ‘Deeeeeeefers’ marcan el punto álgido de ruido y pulsión techno; y ‘Faith’ y ‘Penny’ nos devuelven al Nicolas Jaar más minimalista y luminosos. No es su mejor obra ni la más accesible, pero sí otro paso en grande de un prolífico productor que acaba de cumplir apenas los 30 años.


Agnes Obel: Myopia

Para su debut con el legendario sello alemán de música clásica Deutsche Grammophon, la pianista danesa Agnes Obel se ha vuelto a confinar en su estudio de Berlín durante el proceso de creación. El resultado, su cuarto álbum, es otra isla de sonido profundo, brumoso y onírico, con 10 joyas engarzadas que brillan en la oscuridad. Una vez más, se basta de pianos en arpegio y de su voz embriagada, con leves apoyos de cuerdas, para construir un universo sonoro donde lo fantástico coexiste con lo íntimo. Sin ser su obra más impactante, pero sí la más compacta, Myopia destaca por la contención de unas fronteras estilísticas que la danesa supo abrir en Citizen of Glass, su anterior entrega. Aquí, más introspectiva que nunca, Agnes Obel se cierra en sí misma, convirtiendo en sueño inalcanzable la posibilidad de llegar, nosotros como oyentes, a ese El Dorado donde se juntan la voz y el piano de la danesa.


Caribou: Suddenly

La infalibilidad es una virtud más propiamente científica que artística, pero en la figura de Daniel Snaith, cabeza pensante de Caribou, ambas facetas se unen. Con la precisión matemática del genial productor electrónico que es, y un lado sensible y reflexivo cada vez más explotado, Suddenly, quinta entrega del canadiense bajo esta denominación, se presenta como su álbum más complejo; o, al menos, el más articulado. Sin prescindir de hits casi pop como ‘You and I’, ‘Never Come Back’ (otro rompepistas para añadir a la colección) o la melosa ‘Like I Loved You’, ni de acentos R&B-souleros en cortes como la estelar ‘New Jade’ o ‘Home’, Snaith ofrece nuevos caminos a transitar casi en cada track. El minimalismo y el contacto urban jamesblakeiano en ‘Sunny’s Time’, el acid-jazz de ‘Lime’ o el ambient gomoso de la conclusiva ‘Cloud Song’, además de una temática focalizada en la muerte y en las figuras femeninas que siempre han rodeado al autor, convierten a Suddenly en la primera obra de Caribou más trascendental que imprescindible.


El Columpio Asesino: Ataque Celeste

Habiendo estado cerca de la desaparición, el regreso, seis años después, de El Columpio Asesino es una buena noticia per se. Lo hacen, además, con un trabajo sólido y despejado. Mantienen el ácido en voces, sintes y texturas, el traca-traca kraut, aunque aligerado, y ese macarrismo sucio y viciado de aceite de motor. Ataque Celeste, sexta entrega de los navarros, y primera con el nuevo sello vasco Oso Polita –salido de la promotora Last Tour–, nos deja momentos llenos de esperanza como la burbujeante y espacial ‘Huir’, la encarada carrera de ‘Sirenas de mediodía’, el synth-pop a medio tiempo de ‘Último retrato’, o la oxigenada, electrónica y casi hip-hopera ‘Siempre estás tú’. Ya que la opción continuista, más de media década después, habría rechinado, qué mejor que lanzarse a los nuevos tiempos musicales con los brazos abiertos. Eso han hecho El Columpio Asesino.


Grimes: Miss Anthropocene

Por la trayectoria artística y mediática de Claire Boucher, y por el ambicioso enfoque temático de su largamente esperada nueva obra, Miss_Anthropocene de Grimes tenía que ser forzosamente ese disco vanguardista y visionario que todxs necesitábamos. Dejando de lado el hecho de que, en cierto modo, la realidad le esté dando la razón en el sentido fatalista, el álbum no parece responder a esa misión. Sí es un compendio de muy buenas ideas, un extraordinario abanico de las habilidades musicales de la artista canadiense. Desde el trip-hop ambiental de ‘So Heavy I Fell Through the Earth’ al rock stvincentiano de ‘We Appreciate Power’, pasando por la cueva de ‘Darkseid’, por el pop acústico de ‘Delete Forever’, por el pop rompepistas de ‘Violence’ o por el hit exindie de ‘My Name Is Dark’, Boucher despliega una variada y rica paleta de sonidos sin perder en ningún momento el norte. Curioso que siendo un disco conceptual, sobresalga justo por otro motivo.


Núria Graham: Marjorie

Asomada al mainstream por formar parte del proyecto musical de Amaia, celebramos que el nuevo álbum de Núria Graham siga mostrándonos a la misma artista personal e incorruptible que ha sido siempre. No le han tentado ni la sencillez extrema del pop de televisión ni los accesos rápidos a la fama. Por el contrario, ha hilvanado su trabajo más subjetivo a la vez que el más rico. Aplomado, serio y equilibrado, Marjorie es un disco de canciones en mayúsculas, en cuyos universos conceptuales se nota observación, reflexión y trabajo de interpretación. Madurez, en pocas palabras, especialmente destacable en una artista que, pese a haber editado ya tres discos propios, apenas tienes 23 años. Ampliando sus horizontes hacia terrenos de Angel Olsen (‘Marjorie’), Kurt Vile (‘Another Dead Bee’) o Courtney Barnett (‘The Stable’), Núria Graham se ha consagrado definitivamente como la estrella encubierta que el indie nacional necesita idolatrar.


Soccer Mommy: color theory

Sophie Alison, responsable de Soccer Mommy, es una de las mejores noticias del indie de los últimos años. Con apenas 22 años y dos álbumes notables, forma parte de esa nueva generación – mayoritariamente femenina – que ha refrescado la fórmula pop-rock de raíz noventera en el último lustro. color theory, en su caso, es la confirmación de lo que preconizaba Clean, su debut de hace dos años. Las melodías ordenadas y luminosas, dentro de unas atmósferas limpias y cuidadas, conforman la piel de este álbum redondo, del que sobresalen especialmente ‘Bloodstream’ y ‘Lucy’ por su luz, ‘Royal Screwup’ y ‘Yellow Is the Color of Her Eyes’ por su delicadeza, y ‘Crawling in My Skin’ por el carisma que rezuma melódica y rítmicamente. Un tema que en la voz de Bradford Cox y con los instrumentos de Deerhunter, daría el pego perfectamente. Si éstos necesitaran heredera, que no tendrían por qué, aquí Sophie Allison en primera línea de candidatxs.


Tame Impala: The Slow Rush

Hay que superarlo: Tame Impala no fue la banda que salvaría el rock. Probablemente nunca fuera esa su intención. En cualquier caso, ejecutando los deseos e inquietudes de Kevin Parker, la banda australiana parece haber traspasado definitivamente el protagonismo de su sonido de las guitarras a los sintetizadores; de un pop-rock psicodélico y nostálgico, pasado por ese filtro setentero, vintage, heredero de los Beatles, a algo completamente pop, eso sí, con interesantes derivaciones al disco, al soft-rock, y a un easy-listening que nos incita a bailar sin demasiado esfuerzo. The Slow Rush suena cómodo: a paz, relax y harmonía. En él, Tame Impala no necesitan hits ni estridencias para seguir explotando sus particularidades: la inconfundible voz de Parker, la envoltura gomosa de su instrumentación y esa narrativa melódica tan reconocible. Porque una cosa está clara: esté donde esté la fuente de inspiración de Parker, ésta parece bien lejos de agotarse.


TVERSKY: Tversky

Xavi Paradis y Alan Imar definen la música de Tversky como bedroom funk. Muy comprensible, ya que todo lo que oímos en su esperado álbum de debut lo han producido ellos mismos en casa. Descubiertos en su día por el sello Foehn, Tversky llega de la mano de Vida Records, un sello que nace con ellos a partir del Vida Festival, augurándoles un salto cuantitativo en cuanto a popularidad. Porque Tversky, si la lógica imperase, deberían postularse como los Justice nacionales. Eso sí, con un enfoque retro pero fresco que mira de manera nostálgica al pasado (esos 70 y 80 idealizados, en los que siempre es noche de sábado) sin perder el optimismo de los tiempos presentes. Si dos virtuosos multiinstrumentalista os invitan a bailar con su expansiva electrónica orgánica y refinada, no os podéis negar.

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